Energía y bienestar físico

Son muchas las personas que a medida que avanza el día se van encontrando cada vez con menos fuerzas. Esa falta de energía suele provocar desgana, falta de interés y concentración, dolor de cabeza ligero o incluso el ansia por comer dulces.

Por qué sufres ese bajón de energía

Podríamos decir que en nuestro interior tenemos un reloj que va contabilizando las horas que estamos despiertos y en las que nuestro cuerpo necesita de energía para realizar las tareas rutinarias. Esto marca nuestros ritmos habituales de sueño, los cuales pueden verse alterados si nos dormimos lo suficiente. Recuerda, establecer un horario de sueño saludable es muy importante para mantener nuestro nivel de energía lo más alto posible durante todo el día.

Ahora bien, lo que comemos y en el momento que lo comemos, también es otro dato influyente en nuestros ciclos de energía. Lo frecuente es que el nivel de energía disminuya durante la tarde. Esto hace que nos paremos a pensar en qué hemos comido durante el desayuno, media mañana o en la hora de la comida. Si eres de los que te falta energía a partir de la tarde, seguramente no estés dando todo lo que necesita a tu cuerdo en el momento adecuado.

Aquí es donde ganan un gran protagonismo los carbohidratos. Ingerir los correctos, y en el momento adecuado, va a hacer que podamos mantener la energía durante todo el día o que tengamos varios bajos a lo largo del día.

Dicho esto, es importante que aprendamos a diferenciar entre carbohidratos de asimilación lenta y carbohidratos de asimilación rápida. Así como la forma en la que pueden afectar a nuestro nivel de glucosa o de azúcar en sangre, ya que es lo que nuestro cuerpo utiliza para obtener la energía.

Cuando consumimos alimentos dulces o con gran cantidad de azúcar refinado, éstos son digeridos por nuestro organismo de forma rápida y al mismo tiempo aportan mucha glucosa al torrente sanguíneo. Esto nos puede hacer pensar que, de esta manera tendremos mucha energía, pero la realidad es otra muy distinta.

Realmente, cuando ingerimos demasiado azúcar o carbohidratos refinados, el nivel de azúcar en sangre aumenta pero no se mantiene mucho tiempo y se produce un bajón drástico que hace que tengamos la sensación de querer consumir más dulce. Esto hace que entremos en una dinámica “peligrosa” de querer consumir cosas dulces para buscar una sensación de saciedad, que será difícil de conseguir y que no hará otra cosa que aumentar la cantidad de calorías.

Esto es justo lo contrario que buscamos cuando nuestro objetivo es mantener un buen nivel de energía durante todo el día. Así, estaremos generando picos de energía constantes, mientras que lo ideal es tomar ciertos alimentos que nos ofrezcan un aporte importante de energía, pero de manera más lenta, constante y durante un periodo de tiempo más largo.

Dicho esto, si eres de esas personas que se quedan sin pilas a lo largo del día, seguramente es porque estás consumiendo los carbohidratos erróneos. Si comienzas el día con dulces, esto hace que tu nivel de energía y de azúcar en sangre aumente rápidamente, pero baje de la misma manera al poco tiempo. Por lo tanto, lo ideal es evitar este tipo de carbohidratos de asimilación rápida y sustituirlos por los carbohidratos de asimilación lenta.

Este tipo los podemos encontrar en ciertos alimentos como las verduras, varios vegetales, frutas, hortalizas, semillas, frutos secos, algunos alimentos de origen animal, etc. Comer los carbohidratos que nos ofrecen este tipo de alimentos y realizar comidas bien equilibradas es lo que nos va a permitir mantener nuestra energía durante todo el día. Eso, y realizar diferentes comidas a lo largo del día con intervalos de algunas horas.

La cantidad de comida es otro dato muy a tener en cuenta, ya que ingerir mucha comida durante el almuerzo, hace que necesitemos mucha energía para digerirla. Algo que puede ser contraproducente para nuestro objetivo, puesto que a medida que el cuerpo comienza a enviar esa energía para realizar la digestión, podemos sufrir ese típico bajón de energía de después de comer.

Por lo tanto, lo ideal será realizar comidas pequeñas cada tres horas aproximadamente e introducir esos alimentos que nos proporcionan carbohidratos de asimilación lenta para mantener nuestro nivel de energía siempre alto. Evitar las comidas copiosas y también, estar bien hidratado durante todo el día.

La hidratación también es muy importante

Una hidratación adecuada es clave para muchas cosas, pero quizás la más importante es la del mantenimiento de todos los sistemas del cuerpo. Por lo tanto, llevar una incorrecta hidratación o el hecho de estar deshidratados, hace que se produzca una descompensación en los líquidos de nuestro cuerpo. Como consecuencia, nuestro cuerpo puede llegar a tener problemas para desempeñar sus funciones básicas.

Por lo tanto, debemos borrarnos de la cabeza esa idea que muchos tiene de que si no hacemos ejercicio, ni sudamos con nuestra actividad, no es necesario beber mucho agua al cabo del día. La verdad es que el cuerpo humano es capaz de almacenar una pequeña reserva de líquidos, pero si no nos vamos hidratando poco a poco cada día, el hecho de realizar algo de ejercicio o ciertas condiciones climáticas, pueden hacer que las perdamos fácilmente y nos podamos deshidratar.

Como ya he indicado, esta situación puede provocar que algunas funciones de nuestro organismo no se realicen con normalidad, lo que estoy conlleva. Pero en el caso de aquellos que realizan ejercicio o deporte de manera habitual, la hidratación vuelve a tener un papel muy importante en su día a día.

Optimiza tu rendimiento deportivo

Para alcanzar el mejor rendimiento, los deportistas necesitan seguir una dieta lo más balanceada y saludable posible. Pero la verdad es que, todo esto no es suficiente si no llevamos una correcta hidratación.

A nivel amateur, son muchas las personas que no prestan la suficiente atención a este aspecto, por lo que se exponen sin darse cuenta a ciertos riesgos de salud e incluso lesiones. Es muy importante tener siempre en cuenta que los líquidos son esenciales para obtener un buen rendimiento deportivo

Cuando el volumen de líquidos no es el correcto, nuestro sistema circulatorio puede verse afectado. Además, hay que tener muy claro que en el momento que nos disponemos a hacer deporte, el propio sudor hace que perdamos bastantes líquidos, además de otras sustancias (sales minerales, potasio, magnesio, etc). El proceso de evaporación del propio sudor también se ve afectado, ya que el flujo sanguíneo hacia la piel es bajo y esto hace que la frecuencia cardíaca pueda aumentar para mantener nuestro cuerpo fresco.

Como consecuencia de una mala hidratación, nuestro rendimiento irá bajando rápidamente, además, aumentamos el riesgo de deshidratarnos y aumentamos las posibilidades de lesión.

Estas son algunas recomendaciones para ayudarte a mantenerte hidratado antes, durante y después del ejercicio:

Antes de empezar: Es importante tomar una cantidad adecuada de líquidos cada día, pero sobre todo, si vamos a hacer ejercicio. En ese caso, es importante tomarlo desde el día de antes o desde por la mañana si vamos a hacer deporte por la tarde. También se recomienda tomar entre 250 y 500 ml de agua como media hora antes del entrenamiento. De esta forma, comenzaremos el ejercicio estando bien hidratado. Es conveniente tener siempre en alerta cualquier síntoma que indique que estamos algo deshidratados como la boca seca, sed abundante, mareo, orina de color oscuro, etc.

Durante el entrenamiento: Ni que decir tiene que la ingesta de líquidos durante el entrenamiento es algo muy importante. En este caso, las bebidas ricas en sales minerales, sodio, magnesio y potasio son las que mejor nos ayudarán a mantener una correcta hidratación durante el ejercicio. Tal y como indicábamos en el punto anterior, si además queremos evitar la falta de energía durante el entrenamiento, es importante que hayamos ingerido algunos carbohidratos de asimilación lenta que nos ayuden a mantener los niveles de sales y azúcar en sangre correctos.

Después de hacer ejercicio: Durante la actividad física perdemos líquidos a través del sudor y como consecuencia de todos los procesos que realiza nuestro organismo. Si eres de los que controlas tu peso antes y después de cada entreno, como referencia puedes calcular el agua que deberías aportar a tu organismo calculando la mitad del peso perdido. Es decir, si hemos perdido 1kg de peso, deberíamos tomar medio litro de agua.

Además, no olvides beber agua durante todo el día, no esperes a tener sed, acompaña tus comidas con líquidos e hidrátate de forma continua durante todo el día.

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